Con los diputados nunca pasa nada
El escándalo nunca importó en la cámara
La única patana que no hace su trabajo de arrollar es la de Cámara de Diputados. Cada miembro que cae debajo de sus gomas, se sale, se zafa y se salva.
Desde su creación se le siguieron los pasos al cofrecito, equivalente del barrilito del Senado, y alto el gasto con ese fin, y todavía no se sabe si sobrevive.
Igual con las exoneraciones, que fue de una, después de a dos, y finalmente abiertas para que el negocio fuera bueno y redondo.
El escándalo nunca importó, y aun cuando cambió de modalidad, escándalo siempre. Como los fondos especiales con motivo de las madres o habichuelas con dulce en Semana Santa.
La Navidad y Reyes, como son festividades cristianas, pasaban vestidas de generosidad o caridad, virtudes todas.
El narcotráfico adueñándose de la pista parecía exageración, pero se levantan voces de protesta, de ofensa, de reivindicación.
El ministerio público se pasó y debiera excusarse, pues metió a todos los legisladores en un paquete, y paquete no son.
Aunque en todo, lo que se diga y se deje de decir, no se les puede quitar ni borrar el carácter codicioso de los encargados de hacer las leyes.
En todo ven oportunidad de dinero, y por mucho.