Cumplir plazos es institucionalidad

Su ejecución debería ser rutina diaria...

Los plazos tienen de bueno que si se cumplen no crean problema.

El gobierno se dio cuenta de que la legislatura terminaba el 26, que las cámaras tenían asuntos pendientes y que en el nuevo ordenamiento constitucional estas no pueden por sí mismas prorrogar.

Hizo entonces la convocatoria extraordinaria y el Congreso tiene 15 días para satisfacer sus necesidades o las necesidades de los demás.

Así debiera ser con todo, pues es una realidad tan trascendente que hasta un poeta versificó que “no hay plazo que no se cumpla”.

Sin embargo, no siempre.

Hubo que demandar, reclamar y presionar públicamente para que se procediera en el ámbito de los fiscales. Hace rato que a todos se les acabó el tiempo y el organismo responsable no se enteraba. Ahora sí.

Igual debiera hacerse con el Consejo de la Magistratura, renovar las altas cortes de manera rutinaria y sin que haya que pensar nada malo de los actuales titulares. Simplemente porque esa es la dinámica.

Si siempre se le saliera alante a la pelota, la institucionalidad sería fluida y muchas incomodidades se evitaran. Los plazos son como las efemérides. Hay que recordarlos y celebrarlos.

+ Leídas