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El corazón de un niño pelotero...

Las lágrimas de “Sopita” enternecieron

Fito Páez estará en algún rincón de Argentina entonando su entrañable canción “Yo vengo a ofrecer mi Corazón”, sin saber que en un lugar de Estados Unidos un niño dominicano lo replicó con vergüenza y coraje. “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Quienes siguieron por ESPN las incidencias de la serie de Pequeñas Ligas en Williamsport, Pennsylvania, todavía no salen del asombro. Y la emoción fue tan grande que contagió por igual a propios y extraños.

Edward Uceta, de 12 años, no pudo resignarse ni contenerse ante la derrota de su equipo, Bravos de Pontezuela, y fue tan inconsolable su pena que provocó la admiración de sus contrarios: los entrenadores y niños del equipo venezolano.

En los deportes se gana y se pierde, pero por alguna razón “Sopita” entendió que no podía perderse ese juego y quedar fuera de competencia. Y lloró, más con rabia que con rencor, y su impotencia, en vez de disminuirlo, lo engrandeció. Gladiador hasta la muerte, pero nunca dejar en la arena la fe.

Ahora se dice que todo está perdido, y tal vez sea el coraje y la vergüenza de un niño el corazón que se deba ofrecer.

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