El escurridizo azar en las Altas Cortes
No hay peor cuña que la del mismo palo...
Si los fallos de las altas cortes vinieran con un manual como los muebles de Ikea, se sabría que entre las partes a ajustar no está la solidaridad.
Todo lo contrario. Las clases no se suicidan, pero los magistrados se desconsideran, y pueden hacerlo de manera colectiva, y también individual.
Diría un experto en nimiedades que nada peor que la cuña del mismo palo. Y los ejemplos abundan, de data antigua y por igual reciente.
El habeas corpus al técnico de Claro y al coronel de la Policía Nacional es una viva muestra de esa galería de rivalidades.
No es la contradicción de procedimientos y doctrinas lo que extraña o llama la atención, pues es propio de jurisdicciones. En cambio sí la extralimitación, de que el derecho no sea suficiente y haya que recurrir a la política para redondear un juicio.
El Gobierno es sospechoso de escoger árbitros que juzguen a su favor, pero ese mismo gobierno peca de ingenuidad, y hace papel de tonto útil cuando cree suyo un contrario.
Le corren por tercera y le roban el home en lo que hace un windup distraído.
La suerte en alta corte conviene que sea predeterminada.
