El valor del currículo o del enllave...

La gente se adapta fácil a la nueva situación...

En los inicios del mundo era currículum, después currículo, y ahora hoja de vida, pero sea cual fuere el nombre, significa lo mismo.

Un registro de todo lo que sea relevante en una persona, en especial del profesional que procura una alta o bien remunerada posición en el Estado.

Casi por ley, aunque puedan aparecer botados en un basurero, y las bases dolerse en su antiguo destino: ser desconocidas o pisadas.

Hubo gente con capacidad, viveza aparte, que sobrevivió al naufragio del régimen anterior y continuó en su puesto como si nada.

Pero igual otra que con disimulo retorna e incluso ve por encima del hombro a quienes en la fila expresan su asombro.

El estribillo de una salsa intriga: “¿Y cómo lo hacen? Yo no sé”. Los compañeritos advierten la situación, pero no les queda de otra que quejarse por lo bajo.

¿Fulano, fulana? ¡No puede ser!

La razón sin embargo no es nada del otro mundo. Un escamoteo explica la dicha que aprovecha. O no se lee el currículo, o se entrega incompleto, y la colindancia hace el resto.

Mercedes Sosa lo sabía: “Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”.

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