Encuestas con nombre y apellido
Se develará el encanto y el misterio
No se dice por ahora y tal vez sea una obligación que nadie denuncie, pero no hay dudas de que la identificación del patrocinador afectará el negocio de las encuestas.
La ley despoja a las mediciones del que era el mejor de sus encantos: no saberse quién las encargaba. Al ponerse cartas boca arriba, no habrá sorpresa.
El juego será incomodo y poco atractivo, pues se supone que quien contrata músicos y salón es dueño de la fiesta y se tocarán y bailarán los ritmos de su gusto o antojo.
Los tontos se resistirán a ser útiles y la profesionalidad de las firmas será sometida a dura prueba. El candidato que costee una encuesta y salga puntero, será descalificado ipso facto.
El nuevo fatalismo de la política.
Aunque cumplir con la disposición tampoco es algo del otro mundo. La última incluyó nombre y apellido, y por el nombre y el apellido se interpretó la intención.
No figura con el mayor porcentaje, pero el subproducto sirve a sus fines de competir en una liga exclusiva, y lo que no aproveche en lo inmediato, a largo plazo hará historia.
El precedente se establece y no habrá excusa que valga.
