Gente con mandato propio...
Se creen dueños de la voluntad del pueblo...
La democracia dominicana es admirable desde hace mucho, aunque ni políticos ni votantes se enteren, y se originan situaciones conocidas.
Churchill no la hubiera calificado de peor sistema de gobierno y la hubiese reconocido como excepción, mucho más ahora que deviene en casi perfecta.
Un fenómeno imperceptible, pero real y creciente, y de una viveza inusual, pero determinante. El caso de dominicanos que se asumen como pueblo sin someterse a escrutinio y sin que se les acredite como representantes.
Cada cual se dice, y eso basta.
La Junta de la capital padeció a Los Guardianes de la Democracia que ciertamente ayudaron al conteo, pero cuya irrefrenable condición de clase los llevó a ofender a un personal de años. Bien entrenado y con experiencia sobrada.
Los beautiful people o golden boys de izquierda se creyeron con derecho a acosar en todos los sentidos. Incluso a hablar -entre sí- en inglés y francés creyendo que las muchachas solo conocían el español.
Pues no, sí entendían.
Haciéndose los graciosos ofrecieron almuerzo: “¿Pica pollo o pizza?”, y una barahonera les paró el coche: “No, gracias. Traje salmón de mi casa. ¿Quieren?”.
