La autoridad moral no lleva capa
Lo del Inapa tenía fácil una solución
Los ruidos en política, en la mayoría de los casos, se producen solos, pero en el Gobierno conviene evitarlos o acallarlos a tiempo.
No es un arte fácil, pero necesario.
De poco vale que se quiera eliminar la impunidad, si se reproduce en casa, y no virtual, sino presencial. Lo de Inapa, por caso.
Se citó la ley desde un principio, y la ley, cosa rara, es clara: el titular debe ser ingeniero ( incluso especializado ) y no abogado.
Lo lógico era corregir la falla, mucho más en una administración que hizo desde sus inicios dar marcha atrás una virtud.
Sin embargo, se hace loco el incumbente, el superior, el partido y – con tantos asuntos de que ocuparse – la opinión pública.
El agua sigue corriendo y potable llegando a los hogares, un servicio que ahora se dice más eficiente. Pero la penita todavía penando y la pobre institucionalidad padeciendo.
Nadie va a ser investigado ni se elaborará expediente ni se hará sometimiento, pero no hay dudas de que el affaire, y mantenerlo por encima de la cabeza de todo el mundo, afecta la autoridad.
La llamada autoridad moral. Que no lleva capa ni usa espada, pero da ejemplo.
