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De buena tinta

La charada de Pototo y Filomeno

Algunos no sabían que la Justicia era mujer...

El empleo público no solo se vuelve más ventajoso, sino controversial y, por igual, peligroso. Los casos se dan, y un escándalo desplaza o sustituye otro.

No se puede nombrar familiares, pero no se aguanta el titular, y el pariente presiona. No debe enamorarse a la empleada y, no solo se le hace ojo bonito, sino que se fuerza a lo malo. El acoso, antes, era común, una regla. Ahora, ni excepción. Solo que el superior no se entera, y sigue creyendo que pusieron en sus manos un hato de ovejas que puede sacrificar.

El Cambio cambia lo que pueda cambiar, y no hay duda de que las conductas son las mismas, pero no las consecuencias.

Los casos de estos días demuestran que los jefes andan con la bragueta abajo, y piensan que las subalternas lo tienen en la cara.

Sin embargo, el pudor llegó para quedarse, y ahora el aprovechado que se equivoque, pagará cara la osadía. Coerción e inri social.

No sabían que la Justicia era mujer, que usa espada y, para estos despropósitos, venda transparente.

Pototo y Filomeno lo hicieron charada: “Usted renuncia, a que yo no renuncio”, hasta que se produce una de esas llamadas, y hasta el decreto tiembla.

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