La veda en un pueblo confiado...
Siempre creemos que algo nos protege...
En las redes se ofrecen imágenes preocupantes de dominicanos que se aglomeran por cualquier razón y sin temor a contagiarse.
Horror extraño y ajeno y motivo para criticar al Gobierno por no imponer mayores controles y rigores a la vida cotidiana.
Reacción política, por tanto, y no debe sorprender, pues en época de elecciones la campaña va primero. Y al debate no lo afecta el confinamiento.
Aunque lo doloroso del caso es que el dominicano sea así, y ese así significa que siempre cree que lo malo le puede pasar al otro. Aun cuando el otro sea igual de vulnerable.
Las situaciones que se reproducen son de espanto, y más que ignorancia y rebeldía, revelan el talante confiado del dominicano. Siempre se siente protegido o por el santo de su devoción o por la Virgen que nunca desampara, aunque con tantos riesgos se le carga de trabajo.
Aunque fastidian las acciones tarde-noche de la Guardia de Mon, se quisiera cierre absoluto del país. Que el toque de queda sea de 24 horas, como si la ampliación resolviera.
En cada exceso hay un abuso, y un horario más largo no sería la excepción. Además, quien viola una veda de 13, más lo hará con otra de 24.
