Las Altas Cortes hacen su trabajo

El derecho al pataleo a su máxima expresión

El fenómeno no deja de ser interesante, aunque tal vez no sea más que apariencia. La democracia funciona o las instituciones fluyen.

Las Altas Cortes fueron creadas con un fin, y ese fin se estaría logrando si se acepta como alentador que una instancia anule a la otra.

La Junta no puede dársela mucho, pues el Tribunal la deja en la calle. Ahora se tiene por igual que nunca es tarde si el Constitucional es bueno.

La reelección andaba pavoneándose como un pajuil y vino el Constitucional y le destiñó el plumaje de la cola. El PRD vivía en amargura hasta que el Constitucional le endulzó la vida.

¿Puede aprovechar esa especie de noche de ronda, en que nada es definitivo, todo se recurre y el pataleo se consagra como derecho?

Hasta ahora sí.

La Ley de Partidos va y la Magistratura viene, y posiblemente se encuentren en el camino, pues no conviene que sean líneas paralelas.

Incluso la clave de actuaciones tan admirables sería la calidad del impetrante. ¿Por qué los notables del derecho no juegan esa baza y dejan que los ordinarios prueben suerte?

Nada de misterio, se guardan para cosas mayores y con mejores réditos.

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