Los funcionarios ríen a carcajadas

Y no hay sanción para sus “indelicadezas”...

Un país que no puede obligar a un funcionario a declarar sus bienes, tiene serios problemas de institucionalidad y no lo sabe. Ahora es Camacho, el de la Cámara, pero antes fueron otros que dijeron que no y en no se quedaron, pese al insistente reclamo.

¿Culpa del tiempo o del sistema o del cinismo? La política, compay, la política. Lo peor es que la inquietud se queda en pregunta y la respuesta no preocupa, aun cuando se hace evidente que la resistencia tiene propósitos.

Si un funcionario del poder público que sea, no quiere que se sepa lo que tiene, tampoco se sabrá lo que tendrá al final del ejercicio.

El Ejecutivo tiene control administrativo, como sería cancelar el decreto, pero hasta ahora ningún alto cargo fue mandado a su casa por ese olvido fatal.

El Legislativo tiene instancias de disciplina, pero no juzga a senador o diputado por nada y menos por la vida ostensible que lleve y no confiese.

La sociedad civil que en todo se mete, denuncia un día, pero ya al siguiente abandona la causa, y el infractor, como no le duele el pudor, se aguanta y ríe de último.

Este es el país de las más ruidosas carcajadas.

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