Mejor es el insolente que el tránsfuga

Nada es como antes, ni podrá serlo...

El presidente del PLD debió hacer lo que el secretario general: irse de romería cada fin de semana, visitar pueblos, convocar a los compañeros y dejarlos desahogarse.

La institucionalidad en exceso puede matar un liderazgo que no comprende su circunstancia. Nada es como antes, ni podrá serlo, y mucho más cuando se habló de renovación, de transformación.

Además, mil veces mejor la insolencia que el transfuguismo. Los que se han ido o se puedan ir, no lo hacen o harán por falta de principios, pues adónde irían, todos finales.

Aunque girando sobre sí el perro no se muerde la cola, si se marea. El congreso fue un escrutinio provechoso, pero atontó viejos y los jóvenes se agotan con sus ímpetus.

No es fácil batirse en tres frentes a quien se duerme viendo series de Neflix. Necesita política y más política para mantenerse despierto.

El político que deja de hacer política se consume en su propia salsa como los calamares, o como los camarones, arrastrado por la corriente.

Si espera a diciembre para arrancar, posiblemente encuentre el vehículo sin batería o con el retrovisor empañado.

¿ Qué sucederá con las secretarías, cada cual o endoso oficioso?

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