Ni Odebrecht mueve al dominicano...

En Perú se llevaron todo lo viejo, y aquí...

Con un escenario libre de expresidentes y de candidatos fracasados, Perú tiene posibilidad de una regeneración política.

Esa circunstancia es obra de Odebrecht y sus pagos por encima de la mesa que no fueron tapados convenientemente.

El escándalo convirtió a Perú en un territorio minado con bombas personales y al parecer no dejará políticamente nada viejo en pie.

Una situación sin duda maravillosa, pues no siempre una cosa buena sale de una mala.

Aquí Odebrecht no llegará a tanto, aun cuando el país en parte se parece a Perú, y mucho más ahora a un año de las elecciones.

Las boletas apuntan a ser las mismas, o por lo menos las que se suponen mejor acreditadas o a presentar por los partidos con mayores simpatías.

El votante de adentro o el electorado -- en sentido general -- no tienen vocación de cambio real ni se consideran capaces de discernimiento excepcional. Una especie de fatalismo lo consume todo, y si la población no cambia de humor, ni siquiera un comediante puede hacer la diferencia. Como sucede en otros lugares del mundo.

El dominicano es tan poco resiliente que ni siquiera un agente provocador como Odebrecht lo lleva a mudar el rumbo.

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