No hay elección sin guapos desafiantes

Democracia no es violencia, pero...

El valor personal no es virtud, tal vez cualidad, aunque en todo caso decisiva en momentos en que la vida se pone a riesgo.

El guapo del solar sería Pedro Navaja, y dice la experiencia, y no solo en la salsa, que en cualquier esquina lo descuenta una sorpresa. Hubo un tiempo en que se apreciaba el coraje, pues la lucha se libraba cuerpo a cuerpo, en la manigua, en la montaña, y con armas en las manos.

Los partidos, en una época, disponían de un personal aguerrido, de hombres que se la jugaban sin importar la circunstancia.

Ese material ya no viene ni se necesita, porque la democracia resuelve por otros medios, con métodos distintos, y antes consenso que confrontación.

Sin embargo, ese personaje de barricada reaparece por estos días, y de mala manera, y una democracia mansa se convierte en una democracia de insolencia no solo contra el poder, sino que igual desde el poder se desbordan límites y el lenguaje que debiera servir a la convivencia se vuelve desafío.

La boca entonces no habla de la abundancia del corazón, sino que con fuego –como vil dragón- quema de raíz toda decencia.

¡Oigan la radio, vean la televisión!

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