No los dejan ni acomodarse en la silla...

Este país vive en un gatopardismo eterno...

Los dominicanos viven desde el 1978 bajo el signo auspicioso de El Gatopardo de Lampedusa. El del cambio aparente que nunca llega a ser real.

Dos citas parecidas y de igual contenido explican la situación: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. “...todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. Y no habrá que ir muy lejos para hacer las apropiaciones de lugar. Esta semana y la selección de los nuevos miembros del Tribunal Superior Electoral.

Se cambió todo, no se dejó a ninguno de los viejos, y sin embargo se denuncia o acusa que los nuevos titulares responden al PLD. Lo mismo que se decía de los anteriores. No importa si la apreciación se corresponde con la verdad, pues en sociedades divididas cada opinión se siembra esperando cosecha. Lo cierto es que nadie puede negar el cambio, aunque sí, a manera de pataleo, decir que todo sigue igual. Es una costumbre difícil de quitar o perder. Una costumbre por demás desesperada. No bien los nombran, todavía no se juramentan, ni ocupan sus asientos, y ya descalificados para toda competencia. ¿Qué pasará cuando lleguen los expedientes?

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