Nueva etapa de la diplomacia dominicana

El canciller tiene buen brazo y tira a la cabeza

Podría decirse que el Gobierno se la debía a Estados Unidos después de las chulerías con China: coincidir con su política exterior.

El pronunciamiento del canciller dominicano no es un gozne caído de una puerta abierta a la fuerza, sino la puerta misma, y bien colocada.

Pudo salirse de la fila, pero fue para cubrirse de la lluvia que hizo intensa. Igual equivocarse piropeando mujer ajena.

Pero el hombre íntegro a su casa vuelve, y con su fidelidad blindada.
No obstante, la censura al régimen de Ortega en Nicaragua inaugura una nueva etapa de la diplomacia dominicana, no confinada y sin distanciamiento.

En una América Latina que se polariza, ese protagonismo que ahora se inicia, debe inquietar, del mismo modo que intriga.

La dictadura se metía donde no la llamaban, la democracia era más contenida. Aunque no dejó de ser solidaria en las ocasiones que fue menester.

El canciller nicaragüense ripostó, como era propio que hiciera, y ahora falta ver si ese affaire se queda de ese tamaño, serie de un solo capítulo, o con muchos episodios, como de Netflix.

Al canciller no se le conocía ese brazo, pero cosa suya o del mánager, tira a la cabeza.

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