Portar un arma para fanfarronear...

Desarmar la población es una acción de orden público

Tratar de hacer las cosas mejor que bien conlleva el riesgo de lo imposible. Desarmar una población es una acción de orden público y en términos prácticos, no debería necesitar de plan ni poner fecha.

Solo una patrulla que se aplique a la tarea, y vaya bar por bar, cafetería por cafetería, calle por calle y a todo ciudadano que porte una pistola o un revólver, pedirle los papeles.

Sencillo, como se hace con los conductores en falta: se les pide la matrícula, la licencia, el seguro y como se vive en democracia, y no en dictadura, no la palmita.

El dominicano –en su gran mayoría– que porta un arma, no es para defenderse, sino para exhibirse, fanfarronear y echar vainas. Cuando no para meter miedo o darse aires de importancia. La gente no recuerda, pero antes la guardia daba armas a civiles con formulario 25, un documento que concedía autoridad.

El Gobierno se hace el sueco, pero los políticos reparten armas entre sus conmilitones, en campaña o cuando alcanzan una posición de poder.

No es tan difícil encontrar, solo basta con salir a buscar “aquí, donde la voz está en el cinto...” (Compadre Mon).

Hagan la prueba, y verán.

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