¿Puede un lego juzgar a un faculto?

La idea es cerrarle el paso al ajeno...

De seguro y sin seguro, como arma que se dispara sola, los opinantes de costumbre y ley estarán debatiéndose sobre qué sigue.

Podría ser volver al muro, pero igual asumir con mayor seriedad y atención la escogencia de los nuevos miembros del Constitucional.

El examen de por sí será interesante, aunque no tanto por los candidatos, que se supone conocen la materia, como por los oficiantes de la prueba. ¿Cómo podrá un no constitucionalista medir capacidad y entereza de un constitucionalista? Si el alumno sabe más que el profesor, se promueve el primero y se quema el segundo. De ahí que sea otra la valoración que importe.

La política, por ejemplo. Será más fácil cerrar el paso a fulano o a zutano por su real o pretendida filiación política, que por deficiencia en el tema. Incluso ese podría ser el ánimo de los representantes de la oposición: impedir que crucen la meta aquellos que supongan hostiles.

En otros países se tiene en cuenta la posición ideológica, si derecha o izquierda, si liberal o conservador. Aquí las relaciones de partido.

La pregunta clave será un merengue mocano: ¿De qué partido eres tú? Del que me da mi mangú...

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