Razones ocultas del voto en el exterior

Están en juego las elecciones aquí y allá...

En el tema del voto en el exterior, cuando se lleva del plano técnico al político, se revela una dimensión, al parecer desconocida, pero a todas luces verdadera.

El asunto principal no es el derecho de la diáspora a elegir y ser elegida, ni siquiera la escogencia de representantes de ultramar en la cámara de Diputados. El verdadero afán está en que esos sufragios hacen falta para las presidenciales. Nadie se siente sobrado y esa votación de fuera podría resolver la diferencia.

Medio millón no es una cantidad desdeñable, aunque se sabe que ese universo no acudirá a las urnas, pero está empadronado, y si se registró, por lo menos tiene la intención.

Incluso la situación tiene derivaciones que no pueden descartarse, como el interés o desinterés de que allende los mares se compita electoralmente.

Se dice -por ejemplo- que la oposición ganaría en el extranjero, y que el Gobierno lo sabe, razón más que suficiente para obstaculizar ese ejercicio ciudadano.

Vista así, la cuestión pierde trascendencia, pero entra a la campaña de manera perversa, y como es lógico, el bosque no deja ver el árbol.

Importa más la gabela que la propia función.

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