Una forma no democrática para la paz
A todos les conviene la “regla de oro”...
Cuando los partidos quieren, pueden, y pueden siempre que la concertación o el entendimiento favorezcan su causa y sus intereses.
El PLD aprobó antes de ayer repetir la regla de oro de la municipalidad, la fórmula Peña Gómez, pero antes lo había hecho el PRM, y también el PRD.
Que la sala capitular responda al alcalde y con su anuencia facilite la gobernabilidad. Un receso de la democracia que asegura paz política.
El municipio por encima de todo.
Lo justo sería dejar fluir las fuerzas políticas locales y que con base en la correlación o estrategia el congreso de la ciudad llenara el cometido.
Lo predeterminado o impuesto, ese ir sobre seguro, anula o frustra las mejores iniciativas, y –en cierto modo- burla la voluntad del voto preferencial.
Un doctrinario concebiría que lo ideal fuera que el concejo de regidores tuviera o siguiera una línea contraria al ejecutivo de la localidad.
Montesquieu jugaría sus cartas de independencia de poderes y el poder sala capitular frenaría al poder alcaldía de una manera admirable.
La experiencia del pasado, sin embargo, no alienta ese espíritu, y ante la posible discordia, se decide el arreglo. Que sea ley y batuta.