Defiende al doctor Bruno Rosario Candelier

Vimos unas declaraciones que dicen venir de algunos miembros de la Academia Dominicana de la Lengua, difamando a su actual director. No entendemos la razón por la cual el informante no da la cara y se atavía con la sombra del anonimato. Nos preguntamos cuáles son las razones que le lleva a ocultarse. ¿Será que se trata de alguien con quien el Dr. Bruno Rosario Candelier ha sido solidario y ahora por el cultivos de intereses personales quiere desconocer los aportes de quien se ha consagrado a una labor cuyos resultados han creado su espacio en la historia de las letras?

Sin duda, los intereses del informante están bien determinados, pues conociendo el activismo que mantiene la Academia dice que esta es inoperante, precisamente ahora que la institución está viva y ha abierto las puertas para aportar el servicio al cual está llamada, situando la lengua en la dimensión que le corresponde en nuestra identidad cultural. Nunca había la Academia de la Lengua de nuestro país estado tan activa como en la gestión de Bruno Rosario Candelier.

No reconocer los méritos intelectuales, de Bruno Rosario Candelier, su ejercicio de toda una vida en una crítica literaria y un magisterio de orientación cultural ceñida al necesario rigor de los criterios que han hecho de su obra su carta de presentación, es una gimnasia de mezquindad que habla de la naturaleza de quien desde su región de sombra más transparente arroja, sin suerte, sus ladridos al director de la Academia Dominicana de la Lengua; sin duda, porque solo se le tiran piedras al árbol que da frutos.

Sabremos que Bruno Rosario Candelier seguirá trabajando, aportando, irradiando con sus sabias orientaciones, porque esto responde a su naturaleza, a su sentido de ser; mientras que la ingratitud de otros estará en su telaraña de insomnio, como una sombra de lo nulo.

Ramón Antonio Jiménez

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