|Historia|12 JUN 2017, 12:00 AM

“No me meto en los problemas de la República Dominicana, ya me metí una vez contra Trujillo y las cosas me salieron mal”

El único sobreviviente de la expedición del 14 de Junio relata algunas de sus vivencias en la Revolución Cubana y de su participación en el movimiento que intentó derrocar al dictador Rafael Leónidas Trujillo

La gesta del 14 de Junio fue una lucha apoyada por el gobierno de Venezuela y la Revolución Cubana.
La gesta del 14 de Junio fue una lucha apoyada por el gobierno de Venezuela y la Revolución Cubana.
20170612 https://www.diariolibre.com

SANTO DOMINGO. Si el comandante de la Revolución Cubana, Delio Gómez Ochoa, tuviera la oportunidad de intervenir en los problemas internos del país no lo haría, porque ya se metió una vez contra Trujillo y las cosas le salieron mal.

Su mente lúcida, a pesar de sus 88 años, aún le recuerda aquel día cuando tirado en el suelo cansado, hambriento, deshidratado y derrotado sintió el peso en su pecho de las patas de un perro que, junto a un guardia, le hizo sentir que estaba bajo el dominio de los militares del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina.

El asesor para asuntos militares, de organización y preparación de disciplina en el campamento de la Expedición del 14 de Junio que comandó Enrique Jiménez Moya y que este miércoles cumple 58 años, asegura que es un amigo de los dominicanos a quienes siempre ha querido con amor de niño.

Hoy, el único sobreviviente de la expedición camina despacio, sus músculos faciales se mueven sin que él los pueda controlar, habla pausado y hace hincapié de que lo que ocurrió el 14 de junio del 1959 no se trató de una invasión, sino de tres pequeñas expediciones en igual número de yates y con un reducido número de combatientes.

Gómez Ochoa es el invitado de esta semana de Diálogo Libre, donde hace un recuento de cómo se organizó y lo que ocurrió en la gesta de la que este miércoles se cumplen 58 años.

“La idea de la expedición nació el día cuando Castro viajó a Venezuela y se reunió con Rómulo Betancourt en Caracas, en la Quinta Marimar (residencia del presidente venezolano), quien le planteó el tema de Trujillo y su disposición de ofrecer todos los medios, excepto su territorio, para liberar al país de la dictadura. En ese encuentro había algunos dominicanos de la Unión Patriótica”, contó el héroe nacional.

Dijo que Fidel Castro pensaba que los dominicanos debían hacer su lucha solos, y les decía que no incluyeran extranjeros en sus asuntos y que se lo advirtió muchas veces a Enrique Jiménez Moya, promotor y comandante de la expedición, pero luego de ese encuentro en Venezuela, la respuesta del comandante de la Revolución Cubana fue que podría apoyarlo basado en su experiencia revolucionaria.

Relató que los venezolanos habían consentido que los dominicanos que estaban en la Unión Patriótica utilizaran las armas que Carlos Larrazábal le había entregado a los cubanos, para la expedición contra Trujillo. Una de las propuestas fue llevar las armas a Cuba para apoyar la lucha de las montañas y a la vez llevar un grupo numeroso de dominicanos para ser entrenados en la lucha guerrillera.

El entrenamiento se dio, y muchos de los combatientes lograron ponerse en forma para pelear por la libertad del país.

Durante esos entrenamientos y dentro de la propia lucha que libraban los cubanos y en la que Jiménez Moya participó, este fue herido, peligrándole uno de sus riñones semanas antes de la expedición, lo que no impidió que viniera a comandar a sus hombres en uno de los más notorios episodio de lucha antitrujillista .

Lo que ocurrió en la Plaza del Silencio, Venezuela

El 21 se enero del 1959 en la Plaza del Silencio, en Venezuela, Fidel Castro viró su boina y depositó cinco bolívares. Así inició la campaña de apoyo a la gesta del 14 de Junio y con la que Castro simbolizó la campaña venezolana de Bolívar a Cuba, que se le llamó la Marcha de Bolívar hacia Cuba. Cuenta Gómez Ochoa que eso ocurrió durante un mitin en que se le dio la bienvenida al líder cubano por su triunfo en la revolución, al cual asistió el presidente Betancourt. Narra que los dominicanos allí presentes comenzaron a gritar Trujillo, Trujillo, lo que motivó a Castro a iniciar la recolecta de dinero para apoyar la causa de los revolucionarios dominicanos que cinco meses después desembarcaron en el país llenos de sed de libertad.

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