Dos asaltos
Señor Presidente: Hace un año, mientras caminaba con mis hijos, al percatarme que dos jóvenes a bordo de una motocicleta, se acercaban con intenciones de asaltarme. Uno de los jóvenes se acercó, mientras el otro permanecía en el motor a la espera. Sacó la pistola, le hice una señal para que supiera no iba a hacer oposición. Todo esto sin decir palabra.
Así es como le entregué el celular, y me llevé la gran sorpresa de mi vida: cuando llevó el celular a su compañero, este le dice que me lo devuelva; el joven me entrega nuevamente mi celular, se despide de mí y continúo camino a mi casa.
La semana pasada, he sido atracada otra vez. En esta ocasión no corrí la misma suerte, por más que intenté evitar que me sustrajeran el dinero. En este asalto no hubo armas, y mis hijos no estaban presentes, quizás por esto me negué a entregar el dinero que con tanto trabajo y sacrificio puedo conseguir.
A estos asaltantes no les importó sí soy madre o no, si ese dinero que me estaban quitando es el de darles de comer a mis hijos o si la impotencia y la rabia que sentí al ver el abuso, podía causarme un infarto.
Lo peor es que estos asaltantes todos los conocemos, todos sabemos que son delincuentes y no hacemos nada. Su nombre EdeEste, su arma, una factura mensual que si no pagamos, simplemente nos dejan sin energía eléctrica.
Hoy hago la comparación entre mis dos asaltos y honestamente prefiero el del año pasado. Los atracadores de las distribuidoras de electricidad, a esos nada les importa, sólo adueñarse del dinero de los dominicanos que por ser honestos y cumplir con las leyes, gastamos en un servicio pésimamente malo, caro, injusto y abusivo, parte del dinero que con sudor, bochornos e innumerables sacrificios conseguimos por nuestro trabajo. A. Caba
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