Descenso al infierno
La situación de Haití es particularmente grave
Con tan dramática descripción, los Obispos católicos de Haití hacen un llamado a los responsables políticos del país. La situación, explican, es particularmente grave. Un pueblo “cansado, extenuado, agotado” vive en condiciones que los prelados califican de “alienantes, humillantes, inhumanas.”
La carta fue escrita hace apenas dos semanas. Después, fue Unicef la que alertaba de la situación de los estudiantes, imposibilitados de acudir a las escuelas que nunca fueron reconstruidas después del último terremoto.
Hablan los obispos a los poderes políticos, al pueblo haitiano pidiendo dejar los intereses particulares a un lado y tratar de encontrar un punto de encuentro, de unión.
Pero la realidad golpea aun más duro cuando también se dirigen en su escrito a los secuestradores y grupos armados que asolan el empobrecido país impidiendo reconstruir una mínima gobernabilidad. Son un poder.
Haití ha salido de la agenda internacional y son escasos los esfuerzos que algunas organizaciones internacionales o países proponen. La carta de los obispos de Haití lo deja claro.
