Responsabilidad compartida
Quienes convocan deben asegurarse de que todos los invitados estén sentados a la mesa
Como país anfitrión de la próxima Cumbre de las Américas, la nación se ha empeñado en abrir sus puertas, organizar con rigor y ofrecer su hospitalidad a la región con la dignidad que nos ha caracterizado. La República Dominicana cumple su papel con esmero y distinción.
Sin embargo, en este evento clave, la responsabilidad mayor recae sobre los hombros de Estados Unidos. Como impulsor de la cumbre y potencia regional, le corresponde facilitar la mayor asistencia posible, incluyendo diálogo amplio y participación plena de los actores del hemisferio.
La exclusión de países y las ausencias de mandatarios amenazan con empañar lo que podría ser una gran oportunidad. La República Dominicana hace su tarea, presta la casa, pero la fiesta es de otro.
Depende de los grandes actores asumir su responsabilidad: garantizar que la convocatoria encuentre atención, que el debate sea genuino y que el resultado no quede en mera fotografía institucional. Si la cumbre cumple con su propósito, será testimonio de responsabilidad compartida y del compromiso hemisférico. Si no, la gran culpa recaerá sobre los actores principales.
Nuestro país merece un momento de brillo —pero para que ese brillo tenga sentido, quienes convocan deben asegurarse de que todos los invitados estén sentados a la mesa.
