La posición dominicana
Venezuela necesita instituciones y no caudillos
La reacción del Gobierno dominicano ante el apresamiento de Nicolás Maduro ha sido, como corresponde a la prudencia diplomática, medida y cautelosa. Conviene, empero, subrayar lo esencial: la República Dominicana nunca reconoció la legitimidad democrática del régimen de Maduro. Esa claridad de principios ahorra hoy ambigüedades morales. No hay, por tanto, razones para el lamento ni para las lágrimas.
El drama venezolano no es el de un líder caído en desgracia, sino el de un país exhausto, empobrecido y fragmentado tras más de dos décadas de chavismo. La prisión de Maduro —más allá de las controversias jurídicas o geopolíticas que la rodean— no debe distraer la mirada de lo verdaderamente urgente: la reconstrucción institucional de Venezuela y el retorno efectivo a las vías democráticas.
Ese debe ser el centro del posicionamiento regional y hemisférico. No se trata de venganzas ni de escarmientos simbólicos, sino de crear condiciones reales para una transición, con elecciones libres, garantías políticas, liberación de presos de conciencia y restitución del Estado de derecho.
La cautela dominicana puede y debe convivir con una posición firme en defensa de la democracia. Venezuela necesita menos consignas y más soluciones; menos caudillos y más instituciones. Abogar por ese camino es coherencia con los valores democráticos que defendemos.
