Lo que tiene valor
La escuela como primer laboratorio de ciudadanía
No todos los días un presidente entra a un aula para dar clase. Cuando ocurre, el gesto importa tanto como el contenido. Que el Ministerio de Educación impulse una iniciativa de este tipo y que el jefe del Estado la asuma dice mucho sobre la concepción que se tiene de la educación pública y de su papel en la vida democrática.
La escuela no es únicamente un espacio para estudiar materias. Es, o debería ser, el primer laboratorio de ciudadanía. Allí se aprende a escuchar, a respetar turnos, a convivir con la diferencia y a entender que las normas son una condición para vivir juntos. Por eso resulta especialmente pertinente que una clase de Moral y Cívica sirva para recordar que la ética es una práctica diaria.
El valor del gesto está en el mensaje que transmite. La figura presidencial, despojada del estrado y del protocolo, se vuelve cercana, accesible, humana. Para los jóvenes, ese contacto directo convierte a la autoridad en algo comprensible y creíble.
La educación es una apuesta de largo plazo. Pero sin buena ciudadanía, ningún proyecto educativo se sostiene. Acercar el poder al aula, y no al revés, refuerza una idea esencial: el futuro se construye con conocimiento, pero también con valores que empiezan en la escuela.
