La voz profética
La carta pastoral que interpela al poder y a la ciudadanía
Con la carta pastoral reciente del Episcopado dominicano, la Iglesia católica del país da un nuevo paso en la recuperación de la voz profética. Una voz reforzada por la experiencia latinoamericana y, sobre todo, por el espíritu del Concilio Vaticano II, que la llamó a salir de sí misma para hablarle al mundo. En una sociedad saturada de discursos interesados, falta esa palabra disuasiva, magisterial, que recoja los latidos de la gente y le recuerde, sin estridencias pero sin concesiones, sus falencias.
El documento habla de corrupción, de violencia, de deterioro institucional, de exclusión social, de la fragilidad de la familia y del abandono de los más vulnerables. No lo hace con lenguaje partidario ni con afán de protagonismo, sino desde una preocupación moral que interpela tanto al poder como a la ciudadanía.
Resulta significativo que la Iglesia asuma de nuevo el riesgo de incomodar. No para sustituir a la política ni para dictar soluciones técnicas, sino para recordar que una sociedad se mide no solo por su crecimiento económico, sino por su sentido de justicia, su respeto a la dignidad humana y su capacidad de convivir sin degradarse.
La carta devuelve una voz que advierte cuando el ruido quiere hacerlo pasar todo por normal. Eso es un servicio público.
