Fortalecer los programas de vacunación
La República Dominicana exhibe hoy una alta inmunidad frente a brotes que resurgen en otros países, pero ese logro no admite complacencias
La República Dominicana exhibe hoy una alta inmunidad frente a brotes que resurgen en otros países, pero ese logro no admite complacencias. La vacunación es una política viva: requiere continuidad, confianza y cobertura plena.
El país ha construido, durante décadas, un sólido programa de inmunización infantil que ha contenido enfermedades antes devastadoras. Sin embargo, la meta debe ser inequívoca: cobertura total en la niñez. Cada niño no vacunado es una fisura en la protección colectiva y una oportunidad para el regreso de males prevenibles. La equidad en el acceso y la lucha contra la desinformación son, en ese sentido, tareas urgentes, sobre todo ahora que voces irresponsables buscan acallar a la ciencia.
Pero la vacunación no termina en la infancia. La vida adulta también exige refuerzos y nuevas protecciones. Enfermedades como la influenza, el COVID-19, el tétanos y la llamada culebrilla -herpes zóster- siguen presentes, especialmente entre los mayores. Esta última, dolorosa y a menudo subestimada, cuenta con vacuna eficaz, aún poco incorporada en la cultura preventiva.
Asumir la inmunización como un compromiso a lo largo de la vida es el desafío pendiente. Vacunarse no es una elección ideológica, sino un acto de responsabilidad social. Sostener lo logrado y ampliarlo a todas las edades será la verdadera medida del éxito sanitario nacional.
