La escuela que todavía espera
Avances y tareas pendientes en el sistema educativo dominicano
La República Dominicana tiene razones para reconocer avances en educación. La cobertura escolar ha crecido, la infraestructura luce mejor que hace dos décadas y las pruebas más recientes muestran mejoras en prácticamente todas las áreas evaluadas. En Matemáticas disminuyeron los estudiantes con desempeño insuficiente; en Lengua Española aumentaron los niveles aceptables y satisfactorios; en Ciencias Naturales también se observan progresos. Son noticias que merecen ser celebradas porque demuestran que el esfuerzo público no ha sido inútil.
Pero la satisfacción sería un lujo prematuro. Los datos presentados por la Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad recuerdan que el principal desafío no es únicamente llevar niños a las aulas, sino lograr que permanezcan en ellas y aprendan. Que casi uno de cada tres estudiantes abandone la secundaria antes de graduarse constituye una alarma nacional. Detrás de cada deserción hay una historia de oportunidades perdidas.
Un sistema educativo incapaz de retener y formar adecuadamente a sus jóvenes termina alimentando ciclos de pobreza, informalidad laboral y exclusión. La educación sigue siendo la herramienta más poderosa para construir movilidad social y ciudadanía. Una democracia necesita ciudadanos capaces de comprender su historia, sus instituciones y sus responsabilidades.
El reto educativo dominicano sigue siendo enorme, y aplazarlo tendría un costo que el país no puede permitirse pagar.
