La grandeza de una Corte
Cuando la autoridad de un tribunal está por encima de las ideologías
Las instituciones revelan su verdadera dimensión cuando son capaces de soportar el peso de las diferencias sin quebrarse. La Corte Suprema de Estados Unidos acaba de ofrecer una lección de esa madurez institucional.
La jueza Elena Kagan, identificada con el ala liberal del tribunal y autora de numerosos votos disidentes frente a la mayoría conservadora, recordó recientemente que la Corte no puede reducirse a una caricatura política ni presentarse como un simple instrumento del poder de turno.
Sus palabras tienen un valor especial precisamente porque provienen de quien ha estado con frecuencia en minoría.
Ese es el comportamiento que distingue a las grandes cortes. Sus integrantes discrepan con firmeza, escriben votos memorables y sostienen interpretaciones opuestas de la Constitución, pero entienden que la autoridad del tribunal está por encima de las preferencias personales o ideológicas de cada magistrado.
La democracia necesita jueces independientes, pero también conscientes de que la confianza pública es un patrimonio común que debe protegerse incluso en el desacuerdo.
El respeto institucional significa comprender que ninguna victoria individual justifica debilitar el órgano llamado a custodiar el Estado de derecho.
Esa cultura merece ser observada con atención. Las sentencias pueden dividir, pero el prestigio de una corte solo perdura cuando quienes la integran saben defender la institución incluso mientras discrepan de ella.
