La belleza no puede costar la vida
El rol de Salud Pública ante el aumento de muertes por cirugías estéticas
Con inquietante frecuencia, una cirugía estética termina convertida en tragedia. Mujeres y hombres ingresan a un quirófano buscando corregir una imperfección o acercarse a determinado ideal físico y no regresan a sus hogares. Detrás de algunas muertes aparecen procedimientos deficientes, establecimientos sin habilitación, personal sin credenciales y controles que solo se activan después del desastre.
No corresponde condenar la cirugía plástica, una especialidad médica legítima. El problema comienza cuando el afán por transformar el cuerpo se encuentra con comerciantes de la salud dispuestos a explotar inseguridades, abaratar protocolos y presentarse como profesionales sin serlo. Las redes sociales amplifican el engaño mediante imágenes seductoras y ofertas irresistibles.
Es necesario que cada paciente comprenda que ninguna intervención quirúrgica está libre de riesgos. El precio bajo, la fama digital o una bata blanca no sustituyen la certificación profesional, la evaluación preoperatoria ni la habilitación del centro.
Salud Pública debe fortalecer la inspección, publicar información accesible y actuar, con firmeza y sin contemplaciones, antes de que ocurra otra muerte. Esa tarea exige coordinación permanente con el Colegio Médico Dominicano y la Sociedad Dominicana de Cirugía Plástica. Clausurar establecimientos irregulares, perseguir el intrusismo y orientar a la población no admite demora. Proteger la vida debe prevalecer siempre sobre cualquier estereotipo de belleza.
