Las cuentas de la estabilidad
Las cuentas públicas enfrentan una presión creciente pese al buen ritmo de crecimiento
Las advertencias del ministro de Hacienda, Magín Díaz, dibujan un panorama fiscal preocupante. El gasto público crece bajo presiones difíciles de contener, mientras los ingresos resultan insuficientes para atender compromisos acumulados y necesidades nuevas. La estabilidad macroeconómica exige ahora decisiones particularmente cuidadosas.
Los subsidios, especialmente el destinado a los combustibles, consumen recursos cuantiosos. A ellos se suman el servicio de la deuda, las demandas salariales, las transferencias y una inversión pública que no puede continuar sacrificándose sin consecuencias para el desarrollo.
El Gobierno enfrenta una contradicción evidente. Necesita gastar más para responder a las necesidades sociales, pero dispone de un margen fiscal cada vez más estrecho. La reforma tributaria frustrada dejó pendiente una discusión que ningún gobierno podrá eludir indefinidamente.
Tampoco basta con reclamar mayores ingresos. La calidad del gasto, la eliminación de privilegios, el combate al dispendio y una administración más eficiente constituyen obligaciones anteriores a cualquier exigencia de nuevos sacrificios ciudadanos.
Preservar la estabilidad es indispensable, pero no debe confundirse con inmovilismo. El crecimiento económico necesita inversión, productividad y confianza, no solamente disciplina contable.
Las cuentas públicas muestran tensiones que obligan a revisar prioridades y reconocer los límites del modelo fiscal vigente. La paradoja dominicana merece una reflexión que trascienda las cifras presupuestarias.
Y, sin embargo, crecemos por encima del promedio en el continente.
