La paz exige justicia
Navi Pillay coloca a las víctimas en el centro de la justicia internacional
El Nobel de la Paz concedido a Navi Pillay reivindica una convicción con frecuencia olvidada: los derechos humanos obligan también a quienes tienen poder para vulnerarlos. Su trayectoria al servicio de la justicia internacional da al reconocimiento un significado que trasciende el homenaje personal.
Al dedicar el premio a los supervivientes de crímenes internacionales, la jurista sudafricana coloca a las víctimas en el centro. Frente a las disputas diplomáticas, los cálculos estratégicos y las conveniencias partidarias, recuerda que detrás de cada atrocidad quedan personas cuya dignidad exige reparación.
Que pronunciara esas palabras en el tribunal de Núremberg refuerza el mensaje. Allí quedó establecido que el ejercicio del poder no exime de responder por los crímenes cometidos.
Su advertencia sobre los ataques a las instituciones judiciales internacionales merece atención. Desacreditarlas cuando investigan a aliados, mientras se reclama su intervención contra adversarios, convierte la justicia en instrumento de conveniencia.
Esas instituciones pueden equivocarse y sus actuaciones deben someterse al escrutinio. Pero corregir sus deficiencias exige argumentos y procedimientos, no amenazas.
La insistencia de Pillay resulta oportuna cuando la fuerza pretende sustituir al derecho. Defender los derechos humanos significa exigir límites al poder, cualquiera que sea su bandera. El Nobel reconoce esa perseverancia y recuerda una obligación universal: ninguna paz duradera puede construirse sobre el abandono de las víctimas.
