¡Ay! Ministra...
La ministra de la Mujer ha hecho una mala defensa de la participación de la mujer dominicana en la política y debiera reconocerlo.
Ella es un magnífico ejemplo de que se puede ser una dirigente política exitosa, activista de los derechos de la mujer, esposa y madre, sin necesidad de apelar a armas de dudoso alcance moral aunque ahora algunas mujeres las han puesto de moda para escalar en política.
Sabemos que para una mujer, como para un hombre pobre, o un joven sin formación, destacarse en la política requiere de atributos excepcionales. Se necesita pasión, estudio, esfuerzo sin mirar el reloj, una gran coraza y un poco de suerte para persistir en el esfuerzo.
Afortunadamente, las mujeres han ido ganando posiciones de respeto y admiración en la política y en numerosas profesiones y actividades cívicas gracias a valores universales que comparten con hombres que pueden ser de diferente estructura física, pero a los cuales los une el deseo de servir al país, el mismo que ha movido a la ministra, persona de indudable éxito político.
