20180329 https://www.diariolibre.com

Las bancas ilegales de apuestas no son una excepción o una anomalía. No son una noticia, son la cotidianidad. Son decenas de miles y operan en plena vía pública. Barrios, pueblos, ciudades y carreteras están repletos de estos puntos, a menudo construidos sobre las aceras.

Se hace cuesta arriba pensar que es un problema inmanejable con el que hay que convivir. Que no se puede hacer más, que el Estado es más débil y que convive con ello. Es un mundo complicado, sobre el que se sabe casi todo pero no se hace casi nada. Las denuncias que periódicamente publica la prensa no resolverán, no bastan.

Si el Estado, con su poder legal y coercitivo no puede deshacer la mafia... poco podrá hacer un periodista con su grabadora. Es un problema social y económico. Distrae millones al erario, millones que el Estado necesita y que tratará de cobrar al contribuyente.

Hay un marco legal que debe respetarse, unas redes de control y propiedad complicadas, que hay que deshacer. Convivir con la ilegalidad es la opción que se ha elegido hasta ahora. Pero no es la correcta.

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