La bola a los choferes
La menor participación de los agentes de la Autoridad Metropolitana de Transporte en el control del tráfico en las intersecciones pone la pelota en manos de los conductores, de cuyo comportamiento dependerá el éxito de la medida.
El problema del tránsito es más complejo que la acción de los agentes de la AMET o la propia conducta de los conductores, pero no hay dudas de que ambas influyen en el caótico resultado final. Por tanto, la decisión es un recurso correcto en la medida en que pasa la responsabilidad del orden a sus agentes primarios que son los conductores.
No obstante, se requiere más que eso para que el flujo del tránsito alcance niveles satisfactorios para todos. Sin una mejor ordenación de las rutas, es imposible lograr mejoría en las horas pico, en las cuales el volumen de tráfico es muy superior a la disponibilidad de carriles. En ese sentido, hay que tomar medidas, como se ha hecho en los puentes de acceso a la capital a determinadas horas, para agilizar el tránsito en las avenidas. La Lincoln para arriba y la Churchill para abajo en esas horas, es un buen ejemplo.
Diario Libre
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