Mañana, si todo ocurre como está previsto, se leerá la sentencia del caso Odebrecht. Una estafa continental de corrupción que ha provocado algunos de los escándalos políticos más sonados. Han caído gobiernos, huido presidentes y expresidentes y cambiado las reglas de juego (o al menos eso se pretende) de las grandes corporaciones y sus relaciones con el poder político.

El juicio se ha extendido en la República Dominicana más que en ningún otro país. Para muchos, ese era un signo de que no habría condena alguna. Para otros, que la conclusión haya llegado en este gobierno, una muestra de lo decidida que está la actual administración en combatir la corrupción.

La magistrada Miriam Germán, procuradora general de la República, se inhibió formalmente del caso, lo que también añade un matiz particular al proceso.

Las jueces que deberán emitir veredicto tienen una gran responsabilidad sobre sus hombros. Es un caso de dimensiones extraordinarias y por la notoriedad de los imputados y el monto de dinero en juego... cada ciudadano tiene una sentencia.

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