De ahora en adelante no va a ser más fácil lograr que se respete el toque de queda tal como está planteado. La labor de la policia está resultando extenuante para este cuerpo del orden, pero la situación, que se extiende por meses sin fecha próxima de finalización, es también una presión excesiva sobre la población.

La ansiedad no sale medida ni reflejada en los boletines de Salud Pública, pero deberá ser tenida en cuenta pronto porque sus manifestaciones pueden ser conflictivas.

Los episodios de enfrenamientos que se recogen en los medios o se difunden en las redes son apenas un reflejo de la tensión ya evidente. Coartar la libertad de movimiento o de circulación no es sencillo de aplicar, aunque la razón sea justa o el motivo perfectamente entendible.

Multas, apresamientos, gas pimienta... las medidas van subiendo de tono. Y lo que al principio de la pandemia se respetó y cumplió voluntariamente y con disciplina empieza a ser un reto tanto para la población como para las autoridades. Quizá la llegada de la vacuna temple los ánimos.

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