20180214 https://www.diariolibre.com

Cada vez que ocurre un crimen horrendo que alarma a la sociedad, se levantan las voces que claman por una modificación del sistema de penas de nuestro país. Unos piden que se establezca el cúmulo de penas para que se cree una cadena perpetua de facto y otros se inclinan por la pena de muerte para los culpables.

Existen muchos argumentos que demuestran que la severidad de las penas no detiene los delitos. Solo hay que ver las estadísticas de los países más desarrollados que el nuestro para comprobarlo. Ni la pena de muerte ni la cadena perpetua han disminuido el crimen en sociedades como los Estados Unidos, para solo citar un caso.

En nuestro caso, la pena de muerte está constitucionalmente prohibida en el artículo 37 de nuestra Carta Magna que dice: “No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”.

Pero hay más: con un sistema judicial tan débil e influenciable por todos los populismos y medios, la cantidad de errores (que no podrían corregirse pues el acusado está muerto), harían pensar de otra manera a sus propugnadores.

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