20180219 https://www.diariolibre.com

Si hay algo que ha mejorado en nuestro país es la administración pública, aunque no se haya podido quitar de encima al clientelista que todos llevamos dentro.

Nadie se acuerda ya de los locales sucios y desvencijados que eran característicos de las oficinas públicas de otros años, pero pocos notan la progresiva tecnologización de los procesos y el cambio cualitativo en el servicio. En pocas palabras, es una experiencia diferente y positiva visitar una oficina pública de hoy.

Nada de esto niega, sin embargo, que se conservan prácticas que debieron desterrarse hace tiempo del servicio público y que exista más personal que el necesario, fruto de la politización de toda la vida nacional.

Todavía, la administración pública no es tan eficiente como debiera, no es tan cortés y servicial como debiera y, en muchos casos, no tan incorruptible como debiera. Todavía prima el amiguismo para muchos procesos, así como la desigualdad de salarios, a pesar de los esfuerzos realizados.

Saludamos el avance y los esfuerzos por mejorar.

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