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¿EL BENEFICIO DE LA URBANIZACIÓN?

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¿EL BENEFICIO DE LA URBANIZACIÓN?

Los datos parciales arrojados por el censo del 2012 deben mover a reflexión a los profesionales que trabajamos en la construcción de la planificación urbana y territorial y a los estamentos gubernamentales que construyen las políticas de desarrollo nacional.

Se puede mirar de manera alarmante el hecho de que la población urbana aumentara un 29% en diez años para llegar a un 74% de personas viviendo en centros urbanos, cifra que desafía el pronóstico que establecía que en las primeras décadas del siglo XXI, 2/3 de la población viviría en zonas urbanas,. Hoy nos encontramos con el dato de que en nuestro país 3/4 de la población viven en ciudades, lo que debe llamar a una reflexión profunda sobre cómo abordar las problemáticas que este hecho provoca.

Resulta evidente proyectar esta tendencia si entendemos el modelo económico neoliberal, que ha dado al mercado el control de los medios de producción y que tiene como su centro de operación los grandes núcleos urbanos, donde materializan su imagen, su influencia y su modo de operación los grandes emporios que dibujan y desdibujan el futuro de las economías globales.

Las ciudades que históricamente se habían conformado como centros de aglomeración apoyados por todo el sistema de producción rural, ahora se convierten en si mismas en los motores de la prosperidad de las naciones. Tanto así que el concepto de "competitividad-país" ha sido sustituido por el de "competitividad-ciudad", debido a la influencia que las dinámicas urbanas tienen sobre los nuevos modos de producción, a partir de los contenidos que estos centros urbanos han desarrollado para atraer el capital a sus estructuras productivas, llegando al punto de establecer las competencias y relaciones con centros urbanos dentro del mismo territorio o región en el ámbito nacional.

En nuestro territorio gran parte de las ciudades se han convertido en el factor atracción de las migraciones internas, atraídos por el desarrollo de la industria turística, que a pesar de que en su oferta generalmente no incluye las poblaciones adyacentes, se convierten en las "ciudades dormitorios" que albergan la gran cantidad de mano de obra que sostienen estos enclaves productivos, a costa de una expansión indiscriminada por la falta de instrumentos de planificación que normen este crecimiento.

Dentro del ámbito de la planificación urbana, se ha tratado infructuosamente de diseñar políticas que desincentivaran las migraciones rurales hacia las ciudades y contribuyeran a frenar el crecimiento exponencial que estaban experimentado las urbes durante la segunda mitad el siglo XX, y que a su vez desconfiguraron la morfología racional que las ciudades modernas habían proyectado sobre las ciudades tradicionales, llevando a desparramar sus bordes, por no haber sido capaces de establecer reglas claras sobre los limites que deberían contener la estructura urbana. Estos esfuerzos fueron vanos al no corresponderse con la presión inmobiliaria y productiva que los nuevos sistemas de las economías hegemónicas gestaban en las estructuras de las políticas nacionales y mundiales.

Sin embargo hay teorías sobre el porvenir de la ciudades contemporáneas que consideran beneficiosa esta sobredensificación del espacio urbano y la proyectan como la solución a los problemas de la pobreza extrema y a la conservación del medio ambiente.

El economista Edward Gleaser, establece en su libro " El Triunfo de las Ciudades" la teoría de que "no existen países urbanizados pobres, ni países rurales ricos". Esta teoría fundada sobre la premisa de que es en las ciudades donde se produce el capital, donde la dinámica de producción se maximiza debido a que la "ausencia de espacio entre las gentes" reduce los costos de transporte de bienes, personas e ideas", convirtiéndolo en el espacio mas eficiente para el desarrollo productivo y en el manejo de los recursos.

Si asumimos esta premisa como cierta, las cifras arrojadas por el Censo del 2012 plantean retos importantes no solo para la clase que piensa y transforma la ciudad, sino para los que trazan las políticas de desarrollo sociales, económicas y políticas.

La visión de la planificación económica debe de manera integral, articularse con la visión de la planificación espacial, entendiendo el ámbito urbano como el motor de la prosperidad ciudadana.

Una política al margen de construcción social y física del territorio no tiene la capacidad de ser sustentable, al no incorporar las variables de materialización física del desarrollo, en las visiones que los economicistas proponen.

Dicho de una manera mas directa: las intenciones de desarrollo propuestas en las visiones económicas de la planificación, deben traducirse en cambios y transformaciones adecuadas dentro del espacio urbano, que permitan promover el desarrollo de las áreas a partir de las potencialidades que estas presentan, con el fin de hacerse competitivas dentro de su propio contexto.

La realidad es que nuestras ciudades han estado desprovistas de propuestas de desarrollo integral, los ciudadanos hemos estados huérfanos de pensamientos humanistas sobre el espacio urbano, que es el espacio de todos. Nuestras grandes urbes languidecen anquilosando todas sus potencialidades, abrumadas sobre propuestas viarias que día a día aceleran el flujo y la congestión y convierten la ciudad en áreas transito sin ninguna vida, que pueda traducirse en un dinamismo y desarrollo socio económico sustentable.

Estamos ante un momento crucial e histórico, donde un cambio de visión sobre el espacio urbano, a partir de esta realidad de expansión y densificación urbana, puede traducirse en beneficios tangibles tanto económicos como sociales, lo que debe convertirse en el primer capital político para el estamento gubernamental.