El caso haitiano
Señor Presidente:
Usted es una persona creyente, con valores, que transmite paz, confianza, casado con una mujer que se ve tiene los mismos valores. Dios al crear al mundo, nos hizo iguales a su imagen y semejanza, no creó fronteras, ni nacionalidades, las distinciones las hemos creado los hombres por ambición, por egoísmo. A mi entender Haití en su momento nos hizo mal al querer tomar nuestro territorio. ¿Quiénes somos nosotros para mirar, juzgar y no aceptar a un hermano, que a lo mejor es mejor que el mismo que lo juzga? ¿El hijo de un haitiano nacido aquí, no es dominicano, porque lleva sangre haitiana y recibe la misma educación que un niño dominicano? Yo felicito su actitud, y confío y apelo a su buen corazón de que, como dice Gandhi, si quiero cambiar el mundo, a otro, tengo que cambiar yo. ¡Ah! Y soy dominicana, no tengo descendencia haitiana, pero soy una justa.
I. Ogando
Humildemente hago una propuesta para la solución del problema de los hijos de haitianos ilegales: que el gobierno de Haití documente a estas personas y que el gobierno dominicano inmediatamente les conceda residencia legal para que en el menor tiempo posible le sea otorgada la ciudadanía dominicana y de ahí en adelante que nadie alegue ignorancia a nuestras leyes y nuestra constitución.
Ricardo Luna SanabIa
El problema de los hijos de los haitianos ilegales se va a resolver cuando seamos lo suficientemente responsables para ponernos los pantalones y asumir una posición que elimine el problema de raíz, no con paños tibios ni con complacencias, tampoco con malos tratos ni violaciones de derechos, simplemente tomando el toro por los cuernos. Amanda Furcal Brito
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