El caso Peravia
Señor Presidente:
La semana pasada, atendiendo a un llamado de la Superintendencia de Bancos, asistí, junto a mi esposo, al Banco Peravia con el propósito de validar nuestros ahorros. Una vez allí, me dio la impresión de que el objetivo no era tanto recibir las evidencias, sino más bien recriminarnos por haber llevado dinero a ese banco. Como si hubiésemos cometido un delito, las jóvenes que nos atendieron, nos restregaron que debimos optar por un banco sólido, y dejaron claro que la posibilidad de recuperar la totalidad de nuestros ahorros es prácticamente inexistente.
Señor Presidente, ese dinero fue acumulado después de años de arduo trabajo y lo colocamos ahí, porque teniéndolo en una cuenta de ahorros en un banco sólido veíamos como el balance se hacía cada vez menor. La tasa de Peravia era más alta, es cierto, pero no era una diferencia del otro mundo. No lo pusimos en TelexFree. No hicimos una operación ilegal. Era un banco reconocido ubicado en una de las principales avenidas de la ciudad.
Si perdemos ese dinero, habremos perdido la fe, la esperanza de tener una vejez tranquila, pues no confiamos en el Sistema de Seguridad Social. ¿Cuál será la enseñanza si lo perdemos? ¿Que no vale la pena trabajar honradamente, ni preocuparse por el futuro de los hijos o el propio, porque de todas formas los delincuentes siempre terminarán quedándose con el fruto de nuestro sacrificio?
Le ruego a Dios que intervenga para que los responsables de despilfarrar ese dinero, y los que se hicieron de la vista gorda, paguen por sus hechos, y que todas las personas afectadas recuperen su dinero. Madre y Esposa preocupada
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