El chisme ha devaluado al amor
Estos días ya no son tan propicios al amor...
La situación se está cargando tanto, que hasta los mismos políticos sienten miedo. El odio entró por una puerta, la del frente, y el amor salió por otra, la del patio.
No hay espacio para Cupido, y el pobre angelito, si se aparece, será sin arco ni flecha ni alas, abandonado como la pálida flor de Marc Anthony.
El San Valentín discurre tan ominoso como en el legendario Chicago de los tiempos de Capone, pues durante la semana creó más expectativas Quirino que las posibles ventas.
El dominicano se mata por un can, se dice, y ya el morbo dejó de ser expresión de bajas pasiones, y ahora una forma de amargar la dicha al mortal en turno.
Faltará ver qué dirán las amigas, las novias, las esposas (y hasta los embullos), pero se duda de que las manifestaciones sean de gozo. Como en épocas anteriores.
A pesar del consumismo que se denuncia, queda en el olvido la otrora competencia de ternura, en que los días del Amor y de las Madres rivalizaban en costo.
No es que el amor sea menos, pero la crisis hace de excusa perfecta. La última vez que se chequeó el horno, no tenía ni galletita, y el encargado cabizbajo, como el enfermo sin remedio.
La situación se está cargando tanto, que hasta los mismos políticos sienten miedo. El odio entró por una puerta, la del frente, y el amor salió por otra, la del patio.
No hay espacio para Cupido, y el pobre angelito, si se aparece, será sin arco ni flecha ni alas, abandonado como la pálida flor de Marc Anthony.
El San Valentín discurre tan ominoso como en el legendario Chicago de los tiempos de Capone, pues durante la semana creó más expectativas Quirino que las posibles ventas.
El dominicano se mata por un can, se dice, y ya el morbo dejó de ser expresión de bajas pasiones, y ahora una forma de amargar la dicha al mortal en turno.
Faltará ver qué dirán las amigas, las novias, las esposas (y hasta los embullos), pero se duda de que las manifestaciones sean de gozo. Como en épocas anteriores.
A pesar del consumismo que se denuncia, queda en el olvido la otrora competencia de ternura, en que los días del Amor y de las Madres rivalizaban en costo.
No es que el amor sea menos, pero la crisis hace de excusa perfecta. La última vez que se chequeó el horno, no tenía ni galletita, y el encargado cabizbajo, como el enfermo sin remedio.
Diario Libre
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