El descreimiento
El diccionario define el descreimiento como "incredulidad, falta o abandono de fe o de confianza", y en nuestro país se ha convertido en un arma de acción política que está imposibilitando la creación de la necesaria institucionalidad que requiere el país para la paz y el desarrollo.
Aquí no creemos en los políticos, en la Justicia, en la Policía, en los militares, en el compañero de trabajo, y ya, ni en el compadre de sacramento, como era antes.
Es cierto que muchos de los mencionados, personas o instituciones, han dado motivos más que suficientes para no creer en ellos, pero lo que preocupa no es eso, sino que la actitud no es aplicar un programa de mejora para rescatar la institución o la persona, sino todo lo contrario: el esfuerzo se dedica a acrecentar lo malo, a rodear de impunidad a los culpables, a dejar que el tiempo se encargue de borrar el dolor provocado y que las cosas "prosigan su agitado curso".
Cuando se analiza el caso desprovistos de toda maldad, siempre se concluirá que le sale más barato al país y a la persona cumplir con la ley que violarla... Pero seguimos violándola.
Sale más barato andar con menos prisa, y no comerse el semáforo, y pagar la multa, o sacar a tiempo el documento, y no incurrir en mora, o caminar por la vida en regla y no sufrir el sobresalto. Pero no lo entendemos así, porque creemos deportivamente que podremos escapar a la ley, destrozando lo que nos haría vivir en paz.
Esa actitud nos está destruyendo como nación. Hay gente apostando a ello.
atejada@diariolibre.com
Aquí no creemos en los políticos, en la Justicia, en la Policía, en los militares, en el compañero de trabajo, y ya, ni en el compadre de sacramento, como era antes.
Es cierto que muchos de los mencionados, personas o instituciones, han dado motivos más que suficientes para no creer en ellos, pero lo que preocupa no es eso, sino que la actitud no es aplicar un programa de mejora para rescatar la institución o la persona, sino todo lo contrario: el esfuerzo se dedica a acrecentar lo malo, a rodear de impunidad a los culpables, a dejar que el tiempo se encargue de borrar el dolor provocado y que las cosas "prosigan su agitado curso".
Cuando se analiza el caso desprovistos de toda maldad, siempre se concluirá que le sale más barato al país y a la persona cumplir con la ley que violarla... Pero seguimos violándola.
Sale más barato andar con menos prisa, y no comerse el semáforo, y pagar la multa, o sacar a tiempo el documento, y no incurrir en mora, o caminar por la vida en regla y no sufrir el sobresalto. Pero no lo entendemos así, porque creemos deportivamente que podremos escapar a la ley, destrozando lo que nos haría vivir en paz.
Esa actitud nos está destruyendo como nación. Hay gente apostando a ello.
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