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El dos mil Maduro

Oiga, Abimbao, ¿usted vio que el presidente Maduro amenazó a República Dominicana de que si tocaba los intereses de los haitianos tendría que vérselas con Venezuela, cuando son los haitianos los que están dentro de nuestro territorio tocando y dañando los intereses dominicanos, y no al revés?

-Si, Cucharita. Maduro olvidó decir que, dada su parcialidad declarada, renunciaba a actuar como mediador en la innecesaria comisión creada con presencia de observadores internacionales para tratar asuntos dominico haitianos, y ofrecía la extensa llanura bolivariana, casi despoblada, para que se asentaran cientos de miles de haitianos. Lo mismo pudieran hacer los países de Caricom.

-Es que creen que nos vamos a doblar como el alambre dulce. Y se equivocan, medio a medio. Este pueblo tiene carácter y ha sabido sacar de abajo ante dificultades extremas.

-Profesor y venerado filósofo Vitriólico, ya que usted está ahí apoltronado en su mecedora, díganos ¿que usted haría ante estas circunstancias?

- Primero, manejarse con temple de acero, en apego absoluto a los intereses nacionales. Segundo, cancelar las deliberaciones de la comisión para evitar tener que impugnar, a la defensiva, la conclusión de los participantes en contra nuestra, que será lo que saldrá de ahí dado el claro objetivo que tienen de que asumamos el destino de Haití. Tercero, disponer a continuación el comienzo inmediato del plan de regularización, que es distinto al de nacionalización.

-Filósofo Vitriólico, y ¿en que se diferencian?

-El plan de regularización debe ordenar, clarificar, registrar y otorgar permiso de trabajo temporal, escúchelo bien, temporal, con la consecuente salida de la condición de ilegalidad y cobertura de protección social, a los inmigrantes ilegales que califiquen, sin que eso implique que ellos ni sus hijos nacidos aquí tengan derecho a residencia ni a la nacionalidad dominicana. En cambio, un plan de nacionalización masiva de los inmigrantes ilegales y de sus hijos otorgaría derechos políticos sobre nuestro destino a un pueblo con otra cultura que la nuestra, es decir conduciría a la desaparición de la patria que nació en 1844.

-Filósofo venerado, ¿es verdad que no darles la nacionalidad dominicana es un acto de racismo, que los convertiría en apátridas?

-Es una solemne mentira. Soy criollo mulato, al igual que ustedes dos, ni blanco ni negro, con una pizca de indígena. Hablamos el idioma español y nuestra cultura es una mezcla hispana europea, africana e indígena. Entre todos en 1844 creamos una nación independiente con su propio perfil e idiosincrasia, y queremos preservarla. El derecho a la nacionalidad dominicana solo debemos concederlo, de acuerdo a nuestro ordenamiento legal, a todos aquellos blancos, negros, mulatos, mestizos, o amarillos que aporten con sus conocimientos, elevada formación y virtudes al desarrollo dominicano, y nunca a quienes por su bajo nivel educativo, precaria salubridad y presencia masiva se constituyan en tara para el progreso dominicano. Y eso hay que respetárselo a este país, pequeño pero con enorme dignidad, pues no en vano se ha vertido tanta sangre heroica para constituir una nación y un Estado. En Venezuela, Caricom, Colombia, Estados Unidos, Francia, España, Canadá, cada cual impone sus reglas migratorias. Los inmigrantes ilegales haitianos y sus hijos tienen pleno derecho a la nacionalidad haitiana y a guardar sus raíces. No son apátridas. A Haití le asistiría la razón en rechazar cualquier pretensión de que concedieran a dominicanos la nacionalidad haitiana por el hecho de que eventualmente vivieran ilegalmente en Haití.

-Y, qué pasaría si nos quitaran el financiamiento de Petrocaribe y si otros países impusieran sanciones económicas?

-Sería una gran injusticia, pero el daño sería muchísimo menor que si cediéramos a las pretensiones de desnacionalización. Ese sería el final de la nación dominicana. Nunca lo deberemos consentir. Los países superan las dificultades externas con arrojo y voluntad para superar cualquier restricción. Ante la adversidad, nos haríamos más fuertes.

-Pero, profesor, ¿estará preparada la sociedad para eso?

-Estamos ante un momento de extraordinario peligro. Hay que unir voluntades, cerrar filas en torno al gobierno y confiar en que sabrá interpretar y defender la aspiración de su pueblo de mantenerse soberano, sin temor, vacilaciones ni claudicaciones.

-Pero, profesor, ¿no habrá alguna otra alternativa?

-El gobierno dominicano podría hacer un llamado dramático a la comunidad internacional para que constituya un fondo bien nutrido para el desarrollo de Haití, manejado con supervisión internacional, con objeto de educar, mejorar las condiciones de salubridad e infraestructura, erradicar la pobreza extrema, para que los haitianos puedan vivir y prosperar en su territorio. Podríamos hacer el compromiso de asegurar el empleo de determinado contingente de mano de obra haitiana, temporal, regularizada, con entradas y salidas, sin derecho a residencia ni nacionalidad, hasta que su economía pudiera reabsorberlos. Y colaborar con Haití a través del intercambio comercial leal y las inversiones y en todo en lo que podamos ayudarles.