El PIB: Una breve, pero afectiva historia
"Yo también me pregunto si el PIB solamente es todavía una buena medida de desempeño económico -y concluyo que no. Es una medida designada para la economía del siglo XX de producción física en masa, no para la economía moderna de rápida innovación e intangibles, crecientemente digital, de servicios. Qué tan bien la economía está marchando es siempre una parte importante de la política de cada día, y vamos a necesitar una mejor medida de «la economía» que el presente PIB." Diane Coyle, 2014
El debate sobre la medición del Producto Interno Bruto (PIB) ha sido siempre de gran interés para los economistas, por las implicaciones que tiene sobre la política económica y su asociación con la idea de bienestar social, entre otras razones. Recientemente, la economista británica Diane Coyle (2014) ha publicado un libro -bastante interesante- que tiene por título el encabezado de este artículo (GDP: A brief but affectionate history), en donde plantea una serie de críticas a la forma en que es medida esa importantísima variable macroeconómica. Como medida defectuosa de la actividad económica, el PIB puede ser objeto, además, de la manipulación de quienes tienen la responsabilidad de calcularlo. El caso de Grecia es harto conocido, pero en el 2007, el Banco Mundial, como parte del Proyecto de Comparaciones Internacionales (ICP, siglas en ingles), recortó el PIB real de China -en términos de la Paridad del Poder de Compra- en un 40%, de acuerdo con la narración que hace la autora del citado libro.
Pero el caso de China no fue el único. En el 2005, señala Coyle, hubo 21 países a los que se le redujo el PIB real en una proporción superior al 40% de China. Entre ellos, Ghana con una reducción del 52%; Nepal y Bangladesh, un 44%; y Filipinas con un 43%. En el caso de la India, la reducción fue de un modesto 36%. Estas experiencias son una alerta de la vulnerabilidad que envuelve toda medición del PIB. Una ligera modificación de los supuestos que sirven de base a los cálculos pudiera tener implicaciones extraordinarias la medición final.
Coyle nos recuerda que los primeros esfuerzos para medir la economía como un todo se verificaron en el siglo XVII, cuando el economista William Petty produjo estimados de ingreso, gastos, población, tierra, y otros activos en Inglaterra con el propósito de medir los recursos disponibles para aplicarles el pago de impuestos que financiarían la guerra de ese país contra Holanda. La motivación, enfatiza la autora, era demostrar que el país podía soportar una mayor carga impositiva. La idea de Petty, y de quienes posteriormente continuaron su trabajo, era demostrar que el ingreso nacional dependía de la capacidad de gasto y de la disponibilidad para incrementar el inventario nacional de activos. Pero la noción que hoy se maneja del PIB tuvo su origen en la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Los pioneros fueron Colin Clark en el Reino Unido, y Simon Kuznets en Estados Unidos. En 1971, Kuznets recibiría el Premio Nobel de Economía, en parte, por sus aportes a las cuentas nacionales.
Los problemas inherentes a la medición del PIB comprenden una amplia gama de obstáculos que hacen sumamente difícil lograr cifras con un tranquilizador grado de certeza. Aparte de los problemas vinculados al uso de la paridad de compra para hacer comparaciones internacionales de los productos nacionales, están los problemas de medición de los aportes de los servicios -en contraposición con la medición de bienes materiales- al PIB. De acuerdo con Coyle, las dificultades metodológicas en la medición de los servicios obligan a ciertas simplificaciones que pudieran distorsionar la cifra final del PIB. Por ejemplo, dadas las dificultades para medir el aporte -a precios de mercado- del Gobierno al producto interno bruto, se suele tomar como referencia el gasto que originan los servicios gubernamentales. Sin embargo, esto pudiera significar una sobreestimación del PIB, debido a la alta probabilidad de que la nómina pública sea excesiva.
Un serio problema que se deriva de un PIB mal calculado tiene que ver con la política económica. Normalmente, los diseñadores de dicha política fundamentan sus decisiones en base a la brecha estimada entre el PIB potencial y el real. Si la idea de calcular una variable no observable directamente como el PIB real, imagínense la complejidad de calcular una variable que mida la capacidad de producción de una economía o PIB potencial. Sobre la fragilidad de esos dos cálculos se toman decisiones de política económica que afectan de manera observable las condiciones de vida de toda una sociedad.
Al final de cuentas, la economista Diane Coyle tira la toalla, al percatarse de que a pesar de todas las críticas que hace a los cálculos del PIB no encuentra una opción que por el momento pueda sustituirlo como medida de la actividad económica. Sólo pide no utilizarlo como una medida de bienestar social.
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Pedro Silverio Alvarez
Pedro Silverio Alvarez