El sendero del Salto de aguas blancas

Una de las atracciones turísticas de Constanza es el Salto de Aguas Blancas, situado a 20 kilómetros del municipio, yendo en dirección hacia Valle Nuevo y la Pirámide. Es un lugar de fuertes contrastes y belleza singular, formado por dos caídas de agua sucesivas, de un blanco que resalta.

El acceso al punto donde se derrama el agua fue desbrozado y abierto al público hace poco, con la construcción de una obra sencilla y efectiva: un sendero rústico, que permite al visitante escalar a pie hasta la cima en un recorrido de alrededor de 600 metros.

Es una pequeña obra de gran alcance, que facilita al visitante caminar por la senda estrecha, erigida con cuidado y respeto a la particularidad del lugar, y contemplar, desde perspectivas inéditas, ese regalo divino que acaricia y refresca los sentidos.

Desde allí, en la cima, se ve la poza que reúne el agua para lanzarla luego al vacío. Y puede mirarse el inicio de ambas caídas desde dos terrazas hechas en madera, provistas de bancos para sentarse.

Y si es gratificante la contemplación desde su eje crítico, donde se despeña el agua, no menos lo es el recorrido a través de un desfiladero que aguza los sentidos, refresca la mente, y embriaga la respiración de aroma de pinos.

No sabemos a quienes se debe la iniciativa de esta significativa y oportuna obra. En una hoja impresa que tuvimos al alcance, se lee literatura alusiva a la misma y aparecen al pie los símbolos de USAID, DSTA, Consorcio Dominicano de Competitividad, y Cluster Turístico Constanza. Si ellos son los responsables, les extendemos un cálido reconocimiento. O a quienes se deba la decisión.

En dicho impreso se informa que Aguas Blancas "está situado en un bosque endémico de pino criollo, con más de 40 especies de aves, 13 de ellas endémicas de La Española, y gran variedad de líquenes, musgos, flores, y epífitos". Añade que se encuentra a "1,682 metros sobre el nivel del mar, con 83 metros de caída libre, y 10 grados Celsius de temperatura promedio del agua".

En lo adelante, el reto que tiene la comunidad laboriosa de Constanza es procurar preservar a Aguas Blancas en condiciones óptimas; evitar que lo llenen de basura; e impedir que lo conviertan en una paila inmensa del tamaño del valle, pues se trata de un santuario para la contemplación sana y edificante. También, emplear guardas campestres que vigilen la zona y ofrezcan seguridad a los visitantes, así como reparar y mantener los caminos que conducen a esta área, condenados al olvido.

Estando allí nos sorprendió encontrar a un grupo de suizos e ingleses, que se sentían maravillados de que pudieran encontrar en la isla tal diversidad. Venían en bus desde Las Terrenas y transportaban sus propias bicicletas, en las cuales llegaron al salto desde Constanza. Sacamos la impresión de que no sería una locura fomentar este tipo de turismo ecológico, en complemento con el de playa, para lo cual se requiere extremar la higiene y cuidar el medio ambiente.

Casi al inicio del sendero encontramos a un inglés, unido con una dominicana, que ha abierto un rústico restaurante en aquellas lejanías de bosque duro y frío, con oferta gastronómica limitada pero sugestiva, como la de un puerco a la roca, que se prepara bajo tierra. En el mismo trayecto, pero más cerca de Constanza, se ha instalado un restaurante de comida francesa, con una vista hermosa del cañón del Río Grande.

Estando allí en esa zona, alborozado el espíritu por la sospecha de que el futuro puede ser próspero, y en medio de aquel portento formado por las imponentes cumbres, se advierte la existencia de una miseria destemplada e hiriente que se palpa alrededor del caserío del Convento, y coexiste con una agricultura que destruye el medio ambiente, cuyas manos labradoras pertenecen casi todas a haitianos ilegales, dueños ya de la abrumadora presencia humana de que es testigo la alta montaña.

Cruel paradoja: un potencial inmenso al alcance de la mano, arruinado por la indolencia que impide ordenar, una por una, cada área de la vida social y económica.

Y entonces, surgen preguntas que angustian: ¿Adónde vamos? ¿Seremos capaces de organizarnos para impedir la autodestrucción? ¿Podremos decir no a los que arruinan lo que es del interés común?

Por eso haga este llamado: Despierta y anda, mi pueblo, hacia un futuro digno, y rompe los eslabones de indolencia que te atan a la miseria.

20120508 http://www.diariolibre.com

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